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La gente que me gusta

Originally posted 2009-12-08 13:24:06. Republished by Blog Post Promoter

Les comparto este bonito pensamiento de Mario Benedetti, llamado: La gente que me gusta:

Primero que todo
me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas,
sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace en menos tiempo de lo esperado.
Me gusta la gente con capacidad para medir las consecuencias de sus acciones,
la gente que no deja las soluciones al azar.
Me gusta la gente estricta con su gente y consigo misma,
pero que no pierda de vista que somos humanos y nos podemos equivocar.
Me gusta la gente que piensa que el trabajo en equipo, entre amigos,
produce más que los caóticos esfuerzos individuales.
Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos serenos y razonables.
Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza de reconocer que no sabe algo o que se equivocó.
Me gusta la gente que al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.
Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente; a éstos los llamo mis amigos.
Me gusta la gente fiel y persistente, que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.
Me gusta la gente que trabaja por resultados. Con gente como ésa, me comprometo a lo que sea,
ya que con haber tenido esa gente a mi lado me doy por bien retribuido.
Mario Benedetti
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Reflexión sobre liderazgo

Esta es una reflexión muy bonita que encontre en reflexiones.tv y que quiero compartir con ustedes, les deseo un excelente inicio de semana:

No grites, no ofendas,
no juzgues, no humilles,
no indispongas, sé noble.
Sé grande, se integro,
sé sincero, sé humilde…
¡Sé líder!.

Los gritos son señal de debilidad,

La humillación es señal de pobreza,
La calumnia es señal de indiferencia,
de bajes y envidia.

La agresividad es falta de nobleza,
Y señal de inseguridad.

El verdadero liderazgo se obtiene cuando…
se es íntegro, humilde, sincero, equitativo, leal y ético.

 

ejemplo-liderazgo

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Lo que hables sera lo que obtendrás.

Si sigues diciendo que no soportas tu trabajo, puedes perderlo.

Si sigues diciendo que no soportas tu cuerpo, tu cuerpo puede enfermarse.

Si sigues diciendo que no aguantas tu carro, tu carro puede ser robado o descomponerse.

Si sigues diciendo que estás quebrado, sabes qué? Siempre estarás quebrado.

Si sigues diciendo que no puedes confiar en hombres o mujeres, siempre encontrarás alguien en tu vida que te lastimará o te traicionará.

Si sigues diciendo que no encuentras trabajo, seguirás desempleado.

Si sigues diciendo que no puedes encontrar alguien a quien amar o crea en ti, tus pensamientos atraerán mas experiencias confirmando tus creencias.

Haz tus pensamientos y tus conversaciones más positivos y guárdalas con fe, esperanza, amor y acción.

No tengas miedo de creer que puedes tener lo que tú quieres y mereces.

Observa tus ‘Pensamientos,’ Se convertirán en palabras.

Observa tus ‘Palabras’, Se convertirán en acciones.

Observa tus ‘Acciones’, Se convertirán en hábitos.

Observa tus ‘Hábitos’, Se convertirán en carácter.

Observa tu ‘Carácter’, Se convertirá en tu ‘Destino’

Así…. Para prevenir cualquier obstáculo… ¡ Consigue tu propio camino !

¡¡ Disfruta cada minuto de tu vida !!

Cuando el filosofo señala la luna,  el tonto se fija en el dedo.

‘Si no te gusta lo que recibes, revisa muy bien lo que estás dando’.

‘Así como las olas brotan del mar y regresan al mar, así nosotros venimos de Dios y regresamos a Dios’

‘Cuando el amor es feliz lleva al alma a la dulzura y a la bondad.’

Anónimo

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He de cantar la canción, sabiendo que quizá nadie la entenderá

“Siempre que te digo algo
sé que hay un 99 por 100 de probabilidad
de que me malentiendas
y sólo un 1 por 100 de que me comprendas.
¿Cómo puedo tener la seguridad
de estar expresándola correctamente?
He de tener mis dudas,
pero he de asumir el riesgo
por ese 1 por 100.
Por ese 1 por 100 de gente que puede comprender,
se ha de asumir el riesgo.
He de cantar la canción,
sabiendo que quizá nadie la entenderá.
He de pintar el cuadro,
sabiendo que quizá no haya nadie que lo aprecie”.

Osho, Tao. Los tres tesoros, Volumen II

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Tips para sobrevivir en el metro Mexico

Leyendo una tragicomedia en el metro, me encantaron estos 3 erroes que casi todos comentemos al abordar el STC Metro que esta en la ciudad de México, mismos que cito de la fuente original… disfrutenlos (y tomenlos en cuenta para preferir usar la ecobici antes de abordarlo jaja):

El primer error fue olvidar que estaba en el centro, y que tanto de ida como de venida iba a tener que socializar con los buhoneros, pisar las inmundicias, contar la cantidad de Tupperware llenos de lechuga con caracoles dentro (este es el ingenioso display de los vendedores de baba de caracol, asco), y arriesgar mi vida al cruzar la calle. Genial.

El segundo error fue olvidar la hora: al medidodía o cerca de esa franja horaria, ningún medio de transporte público es decente, y menos, muchísimo menos, el Metro. Tuve que dejar pasar dos vagones repletos de personas antes de juntar el valor para embutirme entre esa gente que recién había comido empanada, fritangas, jojoto remojado y otras menundencias cuyo aroma había quedado impregnado con saña en su ropa, mezclándose con sus olores naturales (traducción: todo el mundo olía a mono).

Y allí fue cuando apareció el tercer error: escoger la puerta de los flojos. Uno sabe que la puerta del vagón más cercana a la escalera es de esa muchachita medio zafia que no quiso caminar mucho porque traía unos tacones de 30 cms, de ese zagaletón que anda pendiente de robarte algo, del tipo que llegó a última hora, o del venezolano promedio que le da flojera caminar unos metros y no le importa ir apretado con tal de no caminar. Y por este craso error, tuve que vivir una experiencia horrenda: la chica que quedó delante de mí era una de estas niñas que, en su autóctono, marginal y muy particular sentido del estilo, cree que está a la moda. Llevaba unos pantalones de remaches que, por esos horrores del destino, se engancharon a mis pantalones, haciendo de esta una situación penosa donde, si ella movía su remachado cuerpo, yo sentía el asco de su humanidad rozándome con descaro. Y no lo hacía a propósito, pero la niña se movía y yo sentía náuseas.

Y no, no acaba allí: la chica era de esas que no se saca bien el acondicionador para usarlo como crema de peinar, y dada la cercanía de nuestros cuerpos, cada vez que movía la cabeza (que era justo después de mover el pantalón) me estampaba la cabellera llena de grasa en el brazo. El olor a cosmético barato me abrumaba, sobre todo porque tenía el pelo tan sucio que dudo que se haya bañado antes de echarse ese patuque.Me bajé en mi estación jurando no volver a caer en la trampa de la memoria. Fue un muy mal viaje en Metro y creo que todo lo que me pasó fue para que no lo olvidara. Para que siempre recordara que el Metro no es el mismo que conocí recién inaugurado, y que si voy a usarlo debo estar preparada para todo. Veremos cuánto dura esta certeza antes de convertirse nuevamente en bello recuerdo de muchacha bolsa…

metro lleno

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