Originally posted 2009-12-08 13:24:06. Republished by Blog Post Promoter
Les comparto este bonito pensamiento de Mario Benedetti, llamado: La gente que me gusta:
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Les comparto este bonito pensamiento de Mario Benedetti, llamado: La gente que me gusta:
No grites, no ofendas,
no juzgues, no humilles,
no indispongas, sé noble.
Sé grande, se integro,
sé sincero, sé humilde…
¡Sé líder!.
Los gritos son señal de debilidad,
La humillación es señal de pobreza,
La calumnia es señal de indiferencia,
de bajes y envidia.
La agresividad es falta de nobleza,
Y señal de inseguridad.
El verdadero liderazgo se obtiene cuando…
se es íntegro, humilde, sincero, equitativo, leal y ético.
Si sigues diciendo que no soportas tu cuerpo, tu cuerpo puede enfermarse.
Si sigues diciendo que no aguantas tu carro, tu carro puede ser robado o descomponerse.
Si sigues diciendo que estás quebrado, sabes qué? Siempre estarás quebrado.
Si sigues diciendo que no puedes confiar en hombres o mujeres, siempre encontrarás alguien en tu vida que te lastimará o te traicionará.
Si sigues diciendo que no encuentras trabajo, seguirás desempleado.
Si sigues diciendo que no puedes encontrar alguien a quien amar o crea en ti, tus pensamientos atraerán mas experiencias confirmando tus creencias.
Haz tus pensamientos y tus conversaciones más positivos y guárdalas con fe, esperanza, amor y acción.
No tengas miedo de creer que puedes tener lo que tú quieres y mereces.
Observa tus ‘Pensamientos,’ Se convertirán en palabras.
Observa tus ‘Palabras’, Se convertirán en acciones.
Observa tus ‘Acciones’, Se convertirán en hábitos.
Observa tus ‘Hábitos’, Se convertirán en carácter.
Observa tu ‘Carácter’, Se convertirá en tu ‘Destino’
Así…. Para prevenir cualquier obstáculo… ¡ Consigue tu propio camino !
¡¡ Disfruta cada minuto de tu vida !!
Cuando el filosofo señala la luna, el tonto se fija en el dedo.
‘Si no te gusta lo que recibes, revisa muy bien lo que estás dando’.
‘Así como las olas brotan del mar y regresan al mar, así nosotros venimos de Dios y regresamos a Dios’
‘Cuando el amor es feliz lleva al alma a la dulzura y a la bondad.’
Anónimo
“Siempre que te digo algo
sé que hay un 99 por 100 de probabilidad
de que me malentiendas
y sólo un 1 por 100 de que me comprendas.
¿Cómo puedo tener la seguridad
de estar expresándola correctamente?
He de tener mis dudas,
pero he de asumir el riesgo
por ese 1 por 100.
Por ese 1 por 100 de gente que puede comprender,
se ha de asumir el riesgo.
He de cantar la canción,
sabiendo que quizá nadie la entenderá.
He de pintar el cuadro,
sabiendo que quizá no haya nadie que lo aprecie”.
Osho, Tao. Los tres tesoros, Volumen II
El primer error fue olvidar que estaba en el centro, y que tanto de ida como de venida iba a tener que socializar con los buhoneros, pisar las inmundicias, contar la cantidad de Tupperware llenos de lechuga con caracoles dentro (este es el ingenioso display de los vendedores de baba de caracol, asco), y arriesgar mi vida al cruzar la calle. Genial.
El segundo error fue olvidar la hora: al medidodía o cerca de esa franja horaria, ningún medio de transporte público es decente, y menos, muchísimo menos, el Metro. Tuve que dejar pasar dos vagones repletos de personas antes de juntar el valor para embutirme entre esa gente que recién había comido empanada, fritangas, jojoto remojado y otras menundencias cuyo aroma había quedado impregnado con saña en su ropa, mezclándose con sus olores naturales (traducción: todo el mundo olía a mono).
Y allí fue cuando apareció el tercer error: escoger la puerta de los flojos. Uno sabe que la puerta del vagón más cercana a la escalera es de esa muchachita medio zafia que no quiso caminar mucho porque traía unos tacones de 30 cms, de ese zagaletón que anda pendiente de robarte algo, del tipo que llegó a última hora, o del venezolano promedio que le da flojera caminar unos metros y no le importa ir apretado con tal de no caminar. Y por este craso error, tuve que vivir una experiencia horrenda: la chica que quedó delante de mí era una de estas niñas que, en su autóctono, marginal y muy particular sentido del estilo, cree que está a la moda. Llevaba unos pantalones de remaches que, por esos horrores del destino, se engancharon a mis pantalones, haciendo de esta una situación penosa donde, si ella movía su remachado cuerpo, yo sentía el asco de su humanidad rozándome con descaro. Y no lo hacía a propósito, pero la niña se movía y yo sentía náuseas.
Y no, no acaba allí: la chica era de esas que no se saca bien el acondicionador para usarlo como crema de peinar, y dada la cercanía de nuestros cuerpos, cada vez que movía la cabeza (que era justo después de mover el pantalón) me estampaba la cabellera llena de grasa en el brazo. El olor a cosmético barato me abrumaba, sobre todo porque tenía el pelo tan sucio que dudo que se haya bañado antes de echarse ese patuque.Me bajé en mi estación jurando no volver a caer en la trampa de la memoria. Fue un muy mal viaje en Metro y creo que todo lo que me pasó fue para que no lo olvidara. Para que siempre recordara que el Metro no es el mismo que conocí recién inaugurado, y que si voy a usarlo debo estar preparada para todo. Veremos cuánto dura esta certeza antes de convertirse nuevamente en bello recuerdo de muchacha bolsa…